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La Vinicultura Chilena: Historia

La Vinicultura Chilena: Historia

Las primeras vides llegaron ya con Colón desde el otro lado del océano. Sin embargo, el clima tropical de América Central impidió que se diera la vitis vinifera sativa, nombre científico de esta cepa noble. Debido a que todos los conquistadores fueron rigurosos católicos, la producción de vino para la misa fue una tarea prioritaria. Fue así como el primero en tener éxito en América con la producción de vino fue el conquistador Hernán Cortés, quien en el año 1524 comenzó a cultivar vides en las mesetas de México. En 1530 la vid fue introducida en las tierras que actualmente forman parte de Colombia, para que años más tarde, en 1548, llegara simultáneamente a Perú y Chile.
Franscisco de Carabantes, un hermano español de una orden, trajo desde Perú las primeras cepas a Chile, introduciéndoles en la pequeña ciudad-puerto de Talcahuano. Casi al mismo tiempo se descubrieron en la zona de Curicó, en aquellos tiempos aún despoblada, cepas salvajes de la uva negra moscatel. Se dedujo entonces, que las condiciones climáticas de Chile serían propicias para el cultivo de cepas para la producción de vino. El primer vinicultor de Chile fue Francisco de Aguirre. Este conquistador, que por cierto se hizo conocido por su crueldad, se dedicó con cariño al cultivo de vid en su finca de Copiapó, en el norte de Chile, logrando la primera vendimia en el año 1551. Sin embargo en la historiografía se le atribuye este éxito a Rodrigo de Araya, quien simultáneamente cultivaba vides en al valle central chileno, en las cercanías de Santiago. Así se encuentra registrado en el Archivo de Indias, en Sevilla, la principal colección de documentos de las colonias españolas.
Dentro de poco tiempo comenzó el cultivo de la vitis vinifera sativa en todo Chile Central, pero tuvieron que pasar trescientos años para que ocurriera un cambio radical decisivo. Éste ocurrió en 1851 cuando Silvestre Ochagavía introdujo por primera vez cepas francesas en su viña de Talagante, con lo cual puso la primera piedra para el relevo de las cepas españolas por las variedades Cabernet, Merlot, Pinot Noir, Sauvignon, Chardonnay, Riesling y otras más, que conforman hoy en día la base de la producción de vino en Chile. Debido a este cambio, a fines del siglo XIX trabajaban en todas la viñas importantes enólogos europeos, en su mayoría franceses.
A finales de siglo XIX había en Chile 40.000 hectáreas para el cultivo de vides, las que ya en 1938 habían aumentado a más 100.000 hectáreas. No obstante, la historia del éxito del vino chileno sufrió durante el siglo XX varios reveses. Uno de ellos fue la promulgación de una restrictiva Ley de Alcoholes, la que prácticamente prohibió nuevas plantaciones de cepas. Además la segunda guerra mundial le cerró la puerta a importantes importaciones, entre ellas maquinaria para la producción del vino. Esta situación comenzó a cambiar en el año 1974, con la derogación de la Ley contra el alcohol y finalmente la apertura económica de Chile a partir de los años ochenta provocó una revolución en la producción de vino. Vinicultores innovadores dotaron al sector con modernas instalaciones, mejoraron las técnicas de cultivo y los sistemas de riego, además introdujeron los estanques de acero inoxidables y los barriles de roble Francés. Pronto las grandes viñas cambiaron de dueños, pasando de las manos de antiguas familias a sociedades anónimas o holdings. El capital extranjero también tuvo participación en este proceso, lo que se tradujo en una aceleración de la modernización del sector vitivinícola.
Finalmente en los años noventa los vinos chilenos lograron posicionarse con firmeza en el mercado mundial. Las exportaciones a EE.UU., Europa y Asia se incrementaron hasta un volumen total de mil millones de dólares en el año 2006. Los principales mercados de ventas actualmente son Gran Bretaña, EE.UU., Canadá y Alemania. Respecto a la producción, Chile ocupa el quinto puesto a nivel mundial entre los países exportadores de vino, con aproximadamente 500 millones de litros producidos anualmente.

VINOS SIN FILTRAR, FILTRACION Y DECANTADOR!

VINOS SIN FILTRAR, FILTRACION Y DECANTADOR!

VINOS SIN FILTRAR

Hoy en día, la tendencia en los tintos de alta gama es no filtrar y cuando se hace debe ser lo más suave posible ya que cualquier tratamiento afecta a las características del vino y puede quitarle sustancias esenciales o hacer que pierda lo que logró en la viña y en la elaboración. En los blancos y rosados es imprescindible la filtración, ya que por cuestiones de presentación deben ser limpios y brillantes.

En cambio los vinos “sin filtrar” no pasan por este proceso y contienen pequeñas partículas y  por eso en algunas botellas aparecen sedimentos que son las partículas que se depositan en el fondo de los envases o a veces quedan suspendidas, pero no hay que asustarse porque no se trata de un defecto del vino sino de componentes naturales y para evitar que pasen a la copa se utiliza un decantador.

QUE ES EL FILTRADO

Se trata de una técnica de clarificación que sirve para retener las impurezas del vino y se realiza con un tamiz por el cual pasa el líquido para obtener así un vino casi sin partículas en suspensión que puedan enturbiar su limpidez. Se hace en la etapa final de la vinificación luego de la fermentación alcohólica y maloláctica, y antes del embotellado y existen varios tipos de filtrados.

DECANTADOR DE VINO

Un decantador es una especie de recipiente en forma de botella con un amplio cuerpo con el objeto doble de decantar los restos sólidos del vino, además de permitir respirar y que de esta forma muestre mejor sus aromas. Los decantadores pueden variar en volumen, forma y diseño. Pueden elaborarse por regla general de materiales inertes (tales como vidrio) y pueden contener en volumen una botella estándar de vino (0,75 litros).

decantador de vino
Falernia Donna Maria Cabernet Sauvignon – “SIN FILTRAR” – decantación